Personalidad del Buey

Los que nacen en los años del Buey llevan en su sangre una cualidad extraordinaria: la tenacidad. Son perseverantes y concienzudos. Una vez que conciben una meta, trabajan honradamente para su consecución. No hay nada ni nadie que los pueda desviar de su afán., Sostenidos por un admirable equilibrio mental y orientados por un gran sentido realista, realizan esfuerzos constantes para alcanzar su propósito. Son en este sentido bastante testarudos, puesto que no admiten consejos» ni persuasiones, ni se doblegan bajo ningún tipo de presión o coacciones.

Son introvertidos, callados y lentos, lo que no impide que mantenga una impecable lógica cerebral y gran lucidez realista. Detestan la vanidad, el alarde y los modales cursis que sólo buscan exaltar el egocentrismo y resaltar satisfacciones personales. En las reuniones de amigos les gusta más escuchar con interés que intervenir. A veces dan la sensación de que se hallan distraídos o indiferentes, pero no lo están en realidad. Su intervención siempre es corta y premeditada,.y encierra criterios maduros y equilibrados. En los momentos críticos de caos y confusión, pueden romper su habitual silencio, deslumbrando a la gente con unos discursos elocuentes y contundentes.

De aspecto apacible y sereno, son tranquilos y tolerantes en cuanto no se les provoque o avasalle. Se ponen impetuosos ante las agresiones. Su instinto de protección los mantiene en alerta, reaccionando enérgicamente contra el fantasma del peligro. En estos casos pierden la habitual serenidad de juicio, se convierten en fieras que pelean por su propia vida, con más honestidad que astucia, hasta caer heroicamente en la trampa de los matadores.

Son conservadores por excelencia. Apegados a los valores tradicionales y clásicos del comportamiento social. Odian la vanidad, la extravagancia y la actitud díscola hacia la vida. Son enemigos de los rumores callejeros y chismes irresponsables. Rigen su conducta con rigurosos criterios morales, tratando de ser educados, nobles, prudentes y moderados. Respetuosos con la tradición y la convención social, se adaptan mal a los cambios bruscos que destrozan el viejo esquema de vida.

El orden y el equilibrio son otras cualidades de su manera de ser. Meditan con calma antes de emitir cualquier juicio. Lo planean todo con calma, rumiando las posibilidades, las ventajas y desventajas. Luego siguen estrictamente los pasos planeados metódicamente para ejecutar el plan. Quizás son lentos en la actuación y pobres de imaginación para lograr mayor flexibilidad, pero no por eso dejan de ser eficientes, ya que la gran seriedad de su compromiso los hace mejores cumplidores de la promesa. No dicen nada de lo que no están convencidos. Pero una vez dicho algo, «va a misa». Si otros animales obtienen el éxito mediante la inteligencia o la ayuda de los demás, el Buey lo hace gracias a su orden y su constancia.

Tardan en establecer la amistad, pero una vez establecida no la perderán nunca. Son generosos y sinceros, totalmente fiables, incluso en los momentos de mayor penuria y riesgo. Para ellos la amistad es sagrada. Este noble concepto les hace asumir la más alta ética en su comportamiento con los amigos. Dispuestos a aconsejar y a ayudar, pueden formular juicios maduros en cualquier momento, sin interferir en la vida ajena.

Existe en su mundo interior un terreno en el que no puede entrar nadie, ni sus amigos más afines. Es algo así como la esencia íntima de su universo filosófico. No les conmueven las adulaciones, ni los elogios exagerados, ni las odas intencionales. Saben lo que son y lo que valen. Son modestos, pero* muy dignos. Nunca lisonjean, ni hiperbolizan la verdad a fin de causar sensación.

Cuando algo va mal, en vez de quejarse, redoblan el esfuerzo para procurar subsanarlo. Tienen un espíritu estoico ante el dolor y el fracaso. Sufren silenciosamente, pero se mantienen íntegros. Si queda esperanza de remediar la situación, no escatiman el tiempo y el sacrificio para recuperar lo perdido. Si eso no es posible, se encierran en su acostumbrado mutismo.

La familia constituye uno de sus pilares espirituales y la realización de su vida. Son hijos respetuosos y padres responsables. Atentos al bienestar de los viejos, se presentan en cualquier momento de necesidad. Rodean de amor a sus propios hijos, con quienes, sin embargo, son severos e inflexibles. Saben hacerse respetar. No permiten que se burlen de su autoridad. Todo lo que ordenan hay que cumplirlo al pie de la letra. Son buenos educadores que dan ejemplo con su propia conducta y quieren qué los hijos adquieran las cualidades de honestidad, seriedad y sacrificio.

Las mujeres Buey son limpias, ordenadas y más bien austeras. Esposas serviciales que nunca permitirán que su marido vaya al trabajo con una camisa sucia o coma la carne quemada, son buenas administradoras del presupuesto familiar, procurando crear toda la comodidad posible, sin sacrificar el saldo favorable de la balanza anual.

Los hombres Buey nacidos en el transcurso del día son más activos, más trabajadores y más luchadores. Los alumbrados en la noche son más estoicos y sacrificados y aguantan mejor la penuria y las adversidades.

Honestos, dignos, éticos, generosos, trabajadores, disciplinados, callados, tolerantes y solidarios, los nativos de este signo obtienen su éxito gracias a su perseverancia y fuerza. No tienen la astucia de buscar el atajo o un enchufe para alcanzar el objetivo. Poseen aptitudes para acceder a altos cargos en la cañera militar, técnica o ejecutiva. Pero es preciso que corrijan algunos defectos innatos, como la rigidez, la lentitud, la inexpresividad y la testarudez, para poder convertirse en diplomáticos o encargados de relaciones públicas.

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