Personalidad del Caballo

El caballo es amigo del hombre. Su cuerpo vigoroso y su fuerza avasalladora siempre nos impresionan. Trota, cabalga, hace piruetas, lanza coces o relincha. Su orgullosa imagen nos queda grabada en la cabeza.

El que nace bajo este signo astral adquiere la vitalidad del caballo. Es dinámico, vigoroso y propenso a la acción. Le gusta practicar el deporte, hacer excursiones o viajes largos. Será hincha de algún equipo favorito y participará en cuantas competiciones pueda. Se le nota su complexión atlética desde lejos, por su habilidad, su rápida reacción y silueta lozana.

Es abierto y expresivo. Le gusta comunicarse con la gente, mostrando gran fluidez y naturalidad debido al carácter espontáneo, abierto y liberal de su personalidad. Nunca se guarda una expresión o calificación por escrúpulo, porque dice todo lo que tiene pensado y, además, lo hace precipitadamente. Quizás se pasa de franqueza y espontaneidad, al juzgar que su intervención ha herido más de una vez el amor propio de muchos interlocutores.

Es elegante por naturaleza. Los hombres Caballo ostentan un aspecto viril, gallardo y fornido, al tiempo que las mujeres de este signo son atractivas, sexy y espontáneas. Les gusta la moda, la confección de buena marca y los complementos que realcen su vitalidad y lozanía. El estilo deportivo parece más adecuado para destacar su briosa elegancia.

Optimista, despreocupado, liberal e indisciplinado, el Caballo se resiste a la represión moral. Fue rebelde cuando era pequeño y aventurero en su juventud. Adora las actividades recreativas y las grandes fiestas. Disfruta intensamente las tertulias entre amigos, las bromas y chistes de todos los colores. Odia la hipocresía, el conservadurismo y todos los valores canónicos de la vieja moral.

Es el rey del disfrute de los placeres terrenales que no requieran mucha espiritualidad, mientras que en los temas de la filosofía, la arqueología y la lingüística su pobreza y precariedad de conocimientos son francamente evidentes.

En su mundo interior parece que no tiene mucha cabida para la mezquindad, la envidia y la artimaña. Tampoco es proclive a tramar intenciones siniestras o complots macabros. Su desinterés por el poder y la riqueza le hacen pasar olímpicamente frente a temas tan alienantes y nocivos. Necesita, desde luego, cierta holgura económica que le permita tener los pequeños caprichos, pero carece definitivamente de la ambición por el dinero. Su actitud es verdaderamente digna y gallarda frente a la miseria quisquillosa de la mayoría de los seres humanos.

No es un apasionado de la política, y le fastidian las historias de las intrigas palaciegas y maquiavélicas. Cree que la política es un juego sucio, una maniobra esencial de traición a los intereses del pueblo. Sus críticas contra la corrupción son rotundas y despiadadas, pero sin muchos detalles ni historias. Profesa un humanismo por excelencia, postulando por el bienestar general para todas las razas y todas las clases. En el aspecto de la moral, sostiene la libertad total y la expresión fluida de la personalidad.

Al contrario que la Serpiente, que tiene como virtud la serenidad, el Caballo es de sangre caliente, impulsivo y temperamental. Se desboca ante cualquier humillación lanzando coces para combatir la agresión. Tiene un espíritu intrépido y desenfrenado, que lo empuja a realizar aventuras, desafiando los riesgos que esto suponga. No le gusta eludir una responsabilidad que debería asumir.

Retrocede cuando hay que dar la cara o asumir un compromiso. En cualquier momento tiene una actitud clara y definida. Es sociable y tiene el don de gente. Le es muy fácil iniciar una amistad y andar juntos por un tiempo. Pero no es constante, y elige rigurosamente su círculo de amigos. Es fiel, atento, desenvuelto, confidente, grato, generoso, buen anfitrión y agradable convidado. Es una estrella en las reuniones gracias a su naturalidad, su gracia, su buen humor y su risa contagiosa.

Es un auténtico enamorado. Considera el amor como la última esencia de la vida. Cuando recibe el flechazo del amor, se funde toda la altivez y entereza de su personalidad, convirtiéndose en un mundo de ternura, afecto y pasión. Por el amor está dispuesto a cualquier sacrificio y riesgo. Tiene un corazón fiel, generoso y solidario para el ser amado. Sus emociones son enérgicas, expresivas y avasalladoras. El hombre Caballo no es hogareño, porque considera un castigo tener que encerrarse en casa para los quehaceres domésticos. Le gusta la calle, el campo libre, los amigos y las tertulias. La mujer Caballo es más sedentaria y entretenida en la vida familiar.

Con los hijos, el hombre Caballo es liberal, protector, enérgico y cariñoso. Juega mucho con ellos y le gusta llevarlos a relacionarse con la” naturaleza. Para él, no hay nada mejor que la frescura de las montañas verdes o de los bosques frondosos. Los cuida con celo, sin consentimiento ni mimo alguno, para hacerlos independientes, lo antes posible. En algunos momentos es impaciente, dándoles una educación desfasada y pidiéndoles hacer lo que es imposible para su tierna edad.

El hombre Caballo peca de inestabilidad y de falta de constancia. No puede permanecer concentrado durante mucho tiempo porque se distrae fácilmente. Su inusual dinamismo le impide estar fijo y atado a un trabajo disciplinado. Acostumbrado a movimientos, cambios y novedades, es versátil, temperamental e incluso oportunista por comodidad. Su mundo interior experimenta a veces cambios muy sutiles que causan sus altibajos psíquicos.

Prefiere el movimiento a la meditación racional, de modo que su comportamiento encierra fuertes contradicciones y factores ilógicos. La falta de constancia le hace imposible concluir muchos proyectos iniciados. El hombre Caballo nunca se detiene para reflexionar. Su filosofía reside en el movimiento incesante, en «la marcha sin parar».

Rebelde por naturaleza, no se resigna a ningún tipo de imposiciones. Los consejos, críticas y persuasiones no le gustan demasiado. Sólo lo mueve el instinto o la vocación. Nunca actúa al dictado de una orden arbitraria, ni respeta el horario y los reglamentos. Es precipitado, impaciente y explosivo. Sus berrinches son violentos y soberbios.

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